Una española en California

lunes, agosto 29, 2011

Dinosaurios

Hace un tiempo pedí a mis estudiantes que escribieran un cuento. Podía ser como quisieran, con una condición, debía terminar con la frase: "Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí" y tenía que tener sentido acabar así el cuento. La oración es en sí un cuento, el segundo cuento más corto de la literatura española, de Augusto Monterroso, famoso por sus mini relatos. Di créditos extra por colgar el cuento y leer y comentar sobre el cuento de algún compañero. También incluí mi propio cuento. Este es:

MINIMAL RATIONALITY O DEL DINOSAURIO BLANCO

Los sentimientos están ahí, y no se puede hacer nada para cambiarlos. Son o no son, pero no son racionales o dejan de serlo. Ni irracionales tampoco. A veces, hasta resultan razonables y lógicos, dadas las circunstancias, lo que algunos llamarían “comprensibles”.

Él terminaba el libro precisamente en ese momento en que ella llegaba para hablar. El libro estaba sobre la mesa, arriba del todo de una pila alta. La cubierta era roja brillante y tenía un dinosaurio pintado en líneas blancas, de aspecto infantil e inocente. El título estaba todo en mayúsculas grandes y blancas: MINIMAL RATIONALITY.

Cuando ella llegó, pidió un vaso de agua. Fue a alcanzar uno y él protestó que era el suyo (qué más daría, pensó ella). Tomó el otro vaso y bebió, sentada frente a la mesita. Y vio el libro. El título le llamó la atención, y preguntó cuál era el tema. Él le dijo que había dos sentidos en que uno podía preguntarse qué era la mínima racionalidad: uno era la racionalidad mínima que definía a los seres humanos versus los animales, pero esta no era el foco del libro; la otra, más difícil de definir acaso, era la racionalidad mínima y sus características para definir que actuamos de forma racional y no irracional. Él siguió hablando, pero para entonces ella ya había reparado en que la portada de rojo brillante tenía un dinosaurio tierno, hervívoro, vuelto de espaldas al lector, pero con la cabeza girada hacia él o ella, casi mirando contento. ¿Por qué habría un dinosaurio en la portada de un libro sobre racionalidad? Después pensó también cuán en serio se tomaba él eso de ser racional. De todas las personas con las que había tenido una relación, él precisamente parecía el más influido en sus acciones por decisiones racionales muy conscientemente pensadas y tomadas. No es que no hubiera sentimientos, hacía tiempo que la dicotomía racionalidad/ sentimientos le parecía absurda, en el sentido de que no eran cosas opuestas necesariamente o incompatibles, simplemente eran de naturaleza muy diferente. Pero con estos pensamientos, había perdido el hilo de lo que él decía, y aunque siguió escuchando, ya no entendió nada más, sólo seguía pensando en hasta qué punto una decisión, tomada racionalmente, podía alterar los sentimientos.

A veces a ella le había pasado, alguna acción, alguna frase, algo hecho a destiempo, había hecho click, le había hecho pensar detenidamente y evaluar una persona o una historia con ella de forma que todo cobraba una luz diferente. Bajo esa luz, bajo esas razones, la decisión estaba tomada, y ella se sentía libre al tomarla, más que forzada, a pesar de la necesidad y el ímpetu con que la decisión llegaba a su pensamiento. Cómoda. Hacía tiempo que no experimentaba eso. Se preguntaba si ese sería el caso de él cuando rompió con ella. Si se había sentido liberado, si había sido fácil. No parecía que fuera el caso, pero él era siempre tan racional… Por eso le gustaba. Y por eso también había diseñado un plan para volver juntos: detectaría cuáles eran los problemas, los cambiaría, y le presentaría a él las pruebas de que esas cosas que no le gustaban habían cambiado. Era infalible, tan coherente y tan lógico, tan lleno de sentido.

Sin embargo, ejecutarlo no era fácil, y se encontró a sí misma exponiendo todo de soslayo, con medias palabras, deteniéndose en meandros y yéndose por la tangente, sin enfrentar directamente el tema, preguntando por los libros que él estaba leyendo, comentando detalles inconexos que no venían al caso sobre sentimientos que tuvo antaño. Él apenas comentó nada. Casi rendida ya y confusa con su plan, le preguntó al final lo que debía haber preguntado al principio: cuál creía él que era el problema. Entonces él contestó que era sólo una sensación, un sentimiento de que no funcionaría, incluso si le gustaba la persona, incluso aunque pudiera funcionar por algún tiempo. Una intuición vaga le decía que no.

La guerra estaba perdida, y mientras ella caminaba de vuelta a casa, pensaba de nuevo en por qué había un dinosaurio en aquella portada, una criatura inocente y grande, totalmente rotunda e innegable en aquella portada. Y ese dinosaurio era como ese sentimiento que él tenía, rotundo e innegable, parado en medio de toda su racionalidad, alejándose de la escena pero dado la vuelta para mirarla a ella. Inocente, pero imborrable.

Después de la discusión, él no tenía muchas ganas de seguir leyendo, aunque le quedara solamente la última página. Así que se dijo que mañana sería otro día, y que mañana, sí, por fin, terminaría el libro y lo devolvería a la biblioteca. No era exactamente sobre el tema de su tesis, pero había sido una lectura entretenida y trataba temas vagamente relacionados con lo que él quería explicar en su tema de tesis: el desacuerdo.

Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


viernes, febrero 05, 2010

El retorno a la ciencia

6:30 am, debo levantarme para enseñar a las 8, teoría de la sintaxis. Me gusta llegar una hora antes, a las 7:30, para estudiar la clase que preparé la noche anterior (mínimo me acosté a la 1:00 am). Hacer fotocopias y transparencias. Sentir que no llego con prisa a la clase. Es mi primer año de MEC/Fullbright Postdoc, el siguiente será en Santa Barbara.
Enciendo mi transistor portátil que meto en el bolsillo de la bata. Lo dejo sobre el lavabo mientras me ducho. Mientras desayuno, cereales calientes (herencia de Brian, classic outmeal con pasas), escucho las noticias y comentarios en la Ser, el programa Hoy por Hoy. Me abrigo bien: guantes gruesos dobles, lo que en España llamamos la braga (especie de bufanda de fieltro/paño) para cubrir cuello y hasta la nariz -absolutamente necesario si quiero que el frío no me duela en esa protuberancia de mi cara-, gorrito de lana, botas -si hay nieve las de nieve. Encajar el iPod (regalo de Brian) y sus auriculares debajo del gorro tiene su ciencia. Con aspecto de duende de las montañas, me cargo la pesada bicicleta (¡de hierro yo creo!) por las dos plantas y media de escaleras (no hay ascensor).



Y allí voy, en mi viaje nocturno aún, de apenas 5 minutos, con escarcha o nieve en las calles y unos escasos 3 a 6 grados bajo cero registrados en el letrero luminoso de la farmacia. El frío corta, pero despeja. Y suena en mis oídos, fuerte, Coldplay.



Las canciones me las dio Neftalí, como antaño me dejara sus casettes de La flauta mágica y de Radiohead (OK Computer) para amenizarme viajes nocturnos también de vuelta de la uni de Santa Barbara a mi apartamento. Y como hace tiempo OK Computer me transportara de vuelta a aquellas noches de niebla y llovizna de puritita humedad cerca del Océano Pacífico, ahora estas notas de Coldplay me devuelven a León, a su frío matutino. A las áreas de césped del campus, a la mesa de trabajo en el pasillo. A las noches allí, pidiendo al segurata que me abriera la puerta (por el megafonillo). Bajando las escalaras para tomar el café con chocolate de una máquina siempre bendita cuando de un café de madrugada se trataba. Mi año de postdoc en León, en sus bares, conociendo sus tapas, el barrio húmedo, los suelos empedrados, los montones de los abrigos en los bares calientes. Salir de marcha y ver nevar al volver a casa, sobre su catedral más cristal que piedra. Todo, absolutamente todo, vuelve con Coldplay. Mi bicicleta roja en la noche, con su potente luz encendida por la dínamo. Mi bólido rojo de hierro más que de acero o aleación.
Me trae las clases de sintaxis, con 5 ó 3 alumnos. Los cafés a media mañana con casi todo el departamento.

Y me trae, sobre todo, las ganas de trabajar perdidas. Las noches en vela estudiando, la capacidad de sacrificio por el trabajo, que no quiero que me abandone nunca. El disfrutar de leer y aprender, el ansia por hacerlo. La curiosidad, el afilarse el pensamiento, el hilvanar ideas y lógicas. Sentir el latido de la inspiración intelectual, lógica, de la consecuencia, de la conexión, la chispa.La saeta disparada, las intensas ganas de penetrar así el mundo.

No es mi favorita, pero la letra y sobre el todo el título, pertenecen a esta entrada. Era de cajón.



Coldplay

Amor alado


Cuando era más joven, el amor era como Mercurio, con sus tobillos alados. Yo cerraba los ojos y respiraba, a veces bastaba respirar, y Mercurio me tomaba arriba arriba, y yo flotaba en el aire, sobrevolaba la ciudad. Me convertía en ser etéreo, en mera transparencia, aunque pareciera que iba viajando en el autobús, o bajándome en la parada del instituto, o caminando con mis amigas, o estudiando. Paralelamente, en el aire, yo flotaba, y no precisaba dormir o comer. A veces, incluso, me adelantaba al propio amor, hacíamos carrerillas por la acera. Yo aceleraba con pasos rítmicos, juguetones, como bailando y girando, y él me seguía, o me pasaba a veces, alternándonos en el liderazgo. Nos reíamos, nos mirábamos a los ojos por unos breves segundos. El mundo abajo transcurría.

Ahora apenas puedo seguir al amor cuando me toma de la mano. A los minutos de comenzar la carrera, me siento tan cansada que ya no puedo agarrar firmemente su mano. Sí, a veces corro, pero deslabazada, sin coordinación, tan cansada que me vuelvo torpe. Hasta que tropiezo, y me caigo, y pierdo de vista al amor. Me apabulla, me atosiga, no me espera. Corre hacia alguna extraña meta que me es ajena y desconocida, sin tenerme en cuenta.

Ha llegado un momento en que no quiero que me busque más. No quiero correr y ya no puedo volar. Pero a veces aún me busca, y a veces aún me encuentra. Y jadeando voy en pos de lo que algún día fue el amor para mí, sin que me acune en sus brazos, sin que me haga ligera. El amor dejó de ser Mercurio para hacerme su Sísifo, arrastrando su piedra hasta arriba, para después verla caer, rodándome por encima y aplastándome repetidamente. Como si la montaña se hiciera cada vez más grande, la cuesta más pronunciada, la piedra mayor, mis fuerzas más escasas, desgastada.

Gracias B, gracias P, gracias C. El amor es ahora una roca de brea, cuyo olor me da náuseas y con la que tropiezo una y otra vez. Un dejá vu pestilente.

domingo, enero 17, 2010

No-Dante (Español)



Dante ha muerto. Mi pequeña murió. Ocurrió este fin de semana, aunque el infarto cerebral le sucedió una semana antes. Una semana en que no podía moverse, ni controlar la salida de orines o heces. Mi pequeña Dante, que ya era una abuelita.



En general, no parece del todo real, es cuando leo la palabra, cuando la veo escrita, ahí plantada, en el papel, en el ordenador. Entonces es innegable. Entonces alguien abre una puerta y veo que detrás está todo vacío, abismal. Es el hueco de Dante, esas coordinadas en el mundo que ya no existen. Y entonces veo que es irreversible, más irreversible y rotundo que cualquier otra cosa en el mundo.





No sé cuántos recuerdos diferentes me vinieron hasta ahora de mi pequeña. La mayoría bonitos. También me han venido impulsos: de decirle cosas bonitas, de abrazarla, de sentir la emoción de entrar a casa y verla, anticipando su reacción. Era mi niña.
Y todo eso ya, de un plumazo, se borró, quedó clasificando en el archivo de imposibilidades, cerrado a cal y canto.



Cuando mi madre comenzó a hablarme de Dante, pensé que estaba asustada por algo, que por eso me llamaba, para que la tranquilizara, y que sería algo que la prepararía para cuando el fatídico momento llegara. Para lo peor, un día. Pero lo peor ya había llegado y era yo la no preparada. Mi pequeña Dante. Conforme oía detalles, las salidas conducían a lo mismo: a lo peor. Y lo peor llegó: “y ayer tuvimos que sacrificarla, no había otra opción”. Así que Dante ya no estaba, así que en tres semanas, cuando llegue a casa, ella no estará. Dante no existe.



Durante una semana, mi preocupada madre me ocultó los hechos, porque yo estaba tan lejos... tan lejos de mi pequeña Dante...
Y yo quería estar con ella. Querría haberla cuidado. Haberla acariciado, haber dormido junto a ella, haberla besado, haber tocado sus orejitas de terciopelo, haberle limpiado su pipí y su caca (siempre fue muy cuidadosa con eso y hasta el último momento lloraba cuando esos “accidentes” le ocurrían), haberle dado agua con la jeringuilla y limpiado la saliva alrededor, y haberle susurrado que estaba allí, que no me iba a mover de su lado. Con ella hasta el final, eso es lo que me hubiera gustado. Dándole besos pequeños en el hocico.




Pero ahora la palabra está escrita, y es casi imposible negar el vacío, la inexistencia, la no-Dante que es ahora el mundo, que será por siempre jamás el mundo, definido por una falta; como una foto con una figura recortada de ella, y este pequeño escrito es como la silueta que el recorte dejó: hace imposible negar la ausencia y, al mismo tiempo, es el testigo de la previa existencia, dibujando los límites del vacío, trazando los límites de mi pequeña.


sábado, enero 16, 2010

No-Dante (English**)



Dante has died. My little one died. It happened this weekend, though the stroke happened a week earlier. A week during which she could not move, neither could she control her feces and urination. My little Dante once, already an old lady.



In general, it does not feel completely real, it is only when I read the word, when I see it there, in front of me, on the paper, on the computer. Then it is undeniable. Someone opens a door and behind it all is emptiness and abysm. It is the hole that Dante leaves behind, those coordinates no longer exist in the world and do not refer to anything anymore. And then I see that it is irreversible, more irreversible and resounding than anything else in the world.






I am not sure how many different memories of my little one have come to me so far. The majority of them beautiful ones. Impulses have come to me as well: to tell her nice things, to hug her, to feel the excitement of coming home and seeing her there, anticipating her reaction. She was my girl.
And all that, in one fell swoop, got erased, classified in the file of impossibilities, bolted and barred shut.



When my mother started talking to me about Dante, on the phone, I thought she was just scared about something, and that that was the reason why she was calling me, so I could calm her down if necessary; and that it would be something that would prepare her for the fateful moment. For the worst, one day. But the worst had already arrived and it was me that was ill prepared. My little Dante. As I was listening to the details, all paths were leading me to the same destination: the worst. And the worst arrived: “and yesterday we had to euthanize her, there was no other option”. So Dante was no anymore, so in three weeks, when I arrive home, she won’t be there.
Dante does not exist.



For a week, my worried mother concealed the facts to me, because I was so far... so far away from my little Dante...
And I wanted to be with her. I would want to have taken care of her. To have caressed her, slept by her, kissed her, touched her velvet ears, cleaned up her pee and poop (she was always very careful with that and till the last moment she cried when those “accidents” happened to her), given her water with a syringe and cleaned her saliva, and to have whispered to her that I was there, that I was not going to leave her side. With her till the end, that’s what I would have liked. Giving her little kisses on her nose.



But now the word is written, and it is impossible to negate the emptiness, the inexistence, the no-Dante that the world is now, that it will be, forever after, defined by its lacking; like a picture with a figure cut from it, and this little piece of writing is like the siloutte that the cutting left behind: it makes it impossible to negate the absence and, at the same time, it bears witness to the previous existence, drawing the boundaries of emptiness, tracing the borders of my little one.




**Translation to English revised by Ariel Schindewolf. Any remaining errors are my sole responsibility.

Dante (English)



The first time I saw Dante was during spring time, and as usually in Granada during this season –if it is a lucky year- it rained every other day. Some kids in the street were making fun of a black and skinny dog. I checked it out: it was a female dog. The kids ceased “paying her attention” and she turned around to keep walking. Then I called her saying: “hola” with a happy singing voice. And she turned around, kind of hoping for something. But I got concerned about making her hopes grow, so I changed the look in my eyes to something like: “don’t become too excited”. And she understood, she understood perfectly. Turned her head, disappointed, and continued walking.

I kept thinking of her. I saw her at several times: from the bus, from the car, walking through Cenes, around the little town, approaching bars’ outdoor tables to beg for food, or the kids with snacks. Later on, I found out that Dante was known in Cenes as “the Luisa”. Sometimes she stopped by our place and I gave her food, later I left food outside for her, hoping that she would show up. Sometimes she did, sometimes she did not.



One day, after getting off the bus with my brother, we saw her at the bus stop –sometimes she would wait there too, to be with people I guess- and I tried to take her with me, but she would not follow us. So I started playing with her and I could take her with us that way. I left her in our patio. When my mother arrived I said: “Mamá, I have a surprise for you outside”, and she replied: “it is not a dog, is it?”. And I said: ”take a look”. After she looked at her I asked my mother her opinión and she said: “Ay, Ire, she is very black!”

But the dog stayed with us.



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She slept with me while we were living together. I took her out every morning and in the afternoon for another while. Everyday. If she had a wound, she would show it to me, and she learned to communicate through her eyes, though she never learned to open doors or peel mandarines like my previous dog; she never needed either, nor to steal food or search in the garbage. In a lot of respects, she was an ideal dog, extremely sociable with other dogs as well as with humans.







She snored sometimes, she always dreamt. Many times she had nightmares, visible ones. She moved her legs, cried. Frequently she dreamt of being abandoned. One day I woke her up and she still cried awake, but she came back to sleep peacefully. Overtime, we discovered that she had a little bullet on one of her legs, which helped imagining more of her past. Maybe they shoot her to make her go?, maybe earlier, an accident hunting?, maybe later, by some kids?




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Dante had hunting instincts, brought home a cat and hurt a pair of them, and also hunted a little rabbit. She taught other two dogs hunting. She was also an amazing runner (a greyhound mix), very agile, great at feinting. It was beautiful to see her running. Since she was a “hippy dog”, she believed in free love, open doors and sharing food, or rather, in other (male) dogs sharing their food with her. She was pretty skillful at that. She could disappear for days and then a neighbor would call us and tell us: “Dante is here or there”. Again, walking, another dog’s owner would say in passing by: “look, it is my dog’s girlfriend”.
In her long walks by the river she used to grab stones from the river and place them all together in the shore.




Such was Dante, and of many other ways. But now these ways have as their only material base the neural network in which memories of her reside, and these lines, maybe.


Dante (Español)



La primera vez que vi a Dante era primavera, y como es habitual en Granada en esa estación -si hay suerte ese año- llovía día sí y día no. Unos niños se reían de un perro negro extremadamente delgado. Me fijé y era perra. Los críos dejaron de “hacerle caso” y ella se volvió para continuar andando. Entonces la llamé diciendo: “hola” con voz cantarina. Y ella se volvió toda ilusionada. Pero me asusté, no quería ilusionarla, así que puse una mirada de “no no no, no te hagas ilusiones” y ella entendió, entendió perfectamente. Giró la cabeza apesadumbrada y continuó andando.

Me quedé pensando en ella. La vi otras veces: desde el autobús, desde el coche, andando por Cenes, por el pueblo, rondando las terrazas de los bares para mendigar comida o a los niños con bolsas de gusanitos. Más tarde descubrí que Dante era conocida como “la Luisa”. Alguna vez pasó por casa y le di comida, después le dejaba comida, esperando que asomara; a veces lo hacía, otras no.



Un día, al bajarme del autobús con mi hermano, la vimos en la parada –a veces esperaba allí también, para estar con gente creo- e intenté llevármela, pero no nos seguía, entonces comencé a jugar con ella y así, con el juego, pude llevármela. La dejé en la terraza. Cuando llegó mi madre le dije: “Mamá, tengo una sorpresa para ti en la terraza”. Ella respondió: “¿No será un perro?” Le dije: “Mírala”. Después de verla, le pregunté qué le parecería y ella dijo: “Ay, Ire, yo la veo mu negra”.

Pero la perra se quedó.



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Dormía conmigo cuando vivíamos juntas. La sacaba por la mañana al levantarme, y por la tarde otro rato. Todos los días. Si tenía una herida, me la mostraba, y aprendió a comunicar con los ojos, aunque nunca aprendió a abrir puertas o pelar mandarinas como mi anterior perra, pero nunca lo necesitó tampoco, ni robar comida o urgar en la basura. En muchos respectos, era una perra ideal, sociable en extremo con otros perros y con los humanos también.







Roncaba a veces, soñaba siempre. Muchas veces tenía pesadillas, visibles. Movía sus patas, lloraba. Creo que con frecuencia soñaba con el día en que la abandonaron. Un día la desperté y siguió llorando aun despierta, pero volvió a dormirse tranquila. Con el tiempo descubrimos que tenía un balín alojado en una pierna, lo que ayudó a dibujar un poquito su pasado, ¿tal vez le dispararon para hacerla irse al abandonarla? ¿tal vez después, los niños riéndose? ¿o fue un accidente cazando?




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Dante tenía instintos cazadores, trajo a casa un gato e hirió a otros dos, también cazó una liebre pequeña. Enseñó a otros dos perros a cazar. También era una magnífica corredora (cruce con galgo), especialmente ágil, increíble fintando. Era precioso verla correr. Como Dante era una perra hippy, creía en el amor libre, en las puertas abiertas y en compartir la comida, o más bien en que los perros machos la compartieran con ella. Se daba su maña en esto. A veces desaparecía por días y luego un vecino nos llamaba y nos decía que “Dante está aquí o allá”. Otra vez, paseando, otro dueño de perro nos decía al pasar: “mira, si es la novia de mi perro”.
En sus largos paseos por el río, tomaba piedras del fondo y las ponía fuera todas juntas.




Así era Dante, y de muchas más formas. Pero ahora estas formas tienen como soporte material único la red neuronal en que residen sus recuerdos, y estas líneas acaso.




jueves, noviembre 26, 2009

Weddings, and the secret marriage

Wednesday before Thanksgiving. A few less students than usually (gone already with their families to celebrate). Topic: family, wedding, etc.
We talk of the perfect match, then we talk of the perfect wedding, finally, of the causes for divorce. Fun class overall.

Their perfect wedding has around a 100 guests, it is open air, wedding dress is white, long, no sleeves, no strips. Classic.



No agreement about the perfect music, a variety of tastes in the class.

My own wedding had 20 participants (including Brian and me). I wanted it simple, so did Brian. As a matter of fact, I did not want a wedding at all, but we had to because of immigration constrictions. The wedding dress costed me less than a 100 dollars, not white. And it was open air, as my students preferred it to be too (the one thing in common).

Across different ages and times in my life, I have had different ideas for my wedding:

First, I wanted to marry in the Plaza Nueva (New Square) in Granada.
The tower in the background is from the Arabic castle (13th century!). The church is made with stone and bricks, in a mixed style called "mudéjar" (done by muslims living in a Christian territory, with arabic architectonic elements). The Court is there too, pretty convenient. It would have been in November. It would have been cloudy, full of autumn leaves that the wind would make fly in the air. My dress would have been black velvet, with bell shaped long sleeves and tight to the hips, then bell shaped and long (like medieval age princess dress). Fully dark and romantic, indeed.

Then, I wanted to marry dressed like a cow, and my husband dressed like a cowboy. I got goofier. I got the idea from a little girl in a TV program. I still think wedding pictures by the chimney would have looked awesome (with him dressed with a taxeedo or something formal).

Finally, I wanted to marry in Las Vegas, a theme wedding dressed like CSI Vegas (someone even commented he could have found me a real dead body!!). Oh well, not sure what to call this tendencies here, and I could not have gone with the deadbody, maybe with some bones, for sure an irreal deadbody.

But in the end, my ideal wedding is the secret marriage that Sting sings about:

No earthly church has ever blessed our union
No state has ever granted us permission
No family bond has ever made us two
No company has ever earned commission

No debt was paid no dowry to be gained
No treaty over border land or power
No semblance of the world outside remained
To stain the beauty of this nuptial hour

The secret marriage vow is never spoken
The secret marriage never can be broken

No flowers on the altar
No white veil in your hair
No maiden dress to alter
No bible oath to swear

The secret marriage vow is never spoken
The secret marriage never can be broken

Vídeo con letra:
https://www.youtube.com/watch?v=10L5KSrTJTs

Which is, obviously, no wedding (something deeper and unbreakable).

Please, feel free to write any ideas on how you imagine(d) your wedding, I'd love to read about it.

martes, marzo 20, 2007

Más terminología intraducible...(chanantosa, of course)

ATRIBUTOS FÍSICOS:

los hombros caidos como una botella de coca cola que no podéis colgar el bolso
los brazos largos, que eso no sirve pa nada, más que pa leer de lejos
o los dos ojos pequeños y juntos como dos pulgas pedorras
o los dedos grandes
las piernas en X
el pecho palomo
o la cabecica pequeña
o los dedos grandes, como ristras de pollas
o el pelo churretoso, o calvo cosco o cartoniano
o las orejas desabrochadas como un seiscientos con las puertas abiertas
con las manos pequeñicas como los enanetes
o con el tipo tordo: la cabeza fina y el culo gordo
o mellaos
o muesos
o chatungos
o con la nariz grande, la mueca el loro
....

Fauna del instituto

La traducción resulta imposible cuando se trata de los términos más sabrosos -terruñeros en terminología unamuniana-, aquellos que nos dicen más con su sola mención, que nos dan la clave, que evocan todo un universo. Las típicas palabras con que se califican cosas en la adolescencia son un buen ejemplo. Parece que entonces se desarrollan más las habilidades sociales y se presta más atención al significado social de las palabras (esto último ya me parece más cuestionable). El caso es que es entonces cuando más usamos determinadas etiquetas y cuando éstas más nos determinan: pijo, alternativo, los distintos nombres para "tribus urbanas", de cagarse, fliparlo... o "el profesor enrollado". Porque, a ver, cómo le explico yo a los estadounidenses qué es un "profesor enrollado", y que es el término enrollado, simplemente.

Voy a intentar subir un sketch de la hora chanante que me parece intraducible... el redondeo al alza del profe enrollado por ejemplo... me parece un concepto (y no hablo ya de términos) tan español...

Hoy etiquetaba yo mi corpus y me encontraba con una conversación telefónica en la que se discutía como entrar de gratis a una piscina haciendo trampas con el carné de identidad o con su fotocopia... flipante. Esto es que no pasa aquí... o casi no, porque la gente imprime sus propios "stickers", la pegatina que cada cuatrimestre renuevan para que la pongas en el carné universitario. Porque si la terminología que usan los estudiantes es cultural, casi tanto lo es la burocrática.

Y a ver si voy recogiendo temas y escribo de los Mall... Y tal vez, siguiendo con esto de las diferencias culturales, de las bodas -bodorrios, bodorriazos- americanas, aunque en esto estamos siendo cultu-fagocitados por las pelis de Joyibud.

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