Una española en California

sábado, enero 16, 2010

Dante (Español)



La primera vez que vi a Dante era primavera, y como es habitual en Granada en esa estación -si hay suerte ese año- llovía día sí y día no. Unos niños se reían de un perro negro extremadamente delgado. Me fijé y era perra. Los críos dejaron de “hacerle caso” y ella se volvió para continuar andando. Entonces la llamé diciendo: “hola” con voz cantarina. Y ella se volvió toda ilusionada. Pero me asusté, no quería ilusionarla, así que puse una mirada de “no no no, no te hagas ilusiones” y ella entendió, entendió perfectamente. Giró la cabeza apesadumbrada y continuó andando.

Me quedé pensando en ella. La vi otras veces: desde el autobús, desde el coche, andando por Cenes, por el pueblo, rondando las terrazas de los bares para mendigar comida o a los niños con bolsas de gusanitos. Más tarde descubrí que Dante era conocida como “la Luisa”. Alguna vez pasó por casa y le di comida, después le dejaba comida, esperando que asomara; a veces lo hacía, otras no.



Un día, al bajarme del autobús con mi hermano, la vimos en la parada –a veces esperaba allí también, para estar con gente creo- e intenté llevármela, pero no nos seguía, entonces comencé a jugar con ella y así, con el juego, pude llevármela. La dejé en la terraza. Cuando llegó mi madre le dije: “Mamá, tengo una sorpresa para ti en la terraza”. Ella respondió: “¿No será un perro?” Le dije: “Mírala”. Después de verla, le pregunté qué le parecería y ella dijo: “Ay, Ire, yo la veo mu negra”.

Pero la perra se quedó.



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Dormía conmigo cuando vivíamos juntas. La sacaba por la mañana al levantarme, y por la tarde otro rato. Todos los días. Si tenía una herida, me la mostraba, y aprendió a comunicar con los ojos, aunque nunca aprendió a abrir puertas o pelar mandarinas como mi anterior perra, pero nunca lo necesitó tampoco, ni robar comida o urgar en la basura. En muchos respectos, era una perra ideal, sociable en extremo con otros perros y con los humanos también.







Roncaba a veces, soñaba siempre. Muchas veces tenía pesadillas, visibles. Movía sus patas, lloraba. Creo que con frecuencia soñaba con el día en que la abandonaron. Un día la desperté y siguió llorando aun despierta, pero volvió a dormirse tranquila. Con el tiempo descubrimos que tenía un balín alojado en una pierna, lo que ayudó a dibujar un poquito su pasado, ¿tal vez le dispararon para hacerla irse al abandonarla? ¿tal vez después, los niños riéndose? ¿o fue un accidente cazando?




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Dante tenía instintos cazadores, trajo a casa un gato e hirió a otros dos, también cazó una liebre pequeña. Enseñó a otros dos perros a cazar. También era una magnífica corredora (cruce con galgo), especialmente ágil, increíble fintando. Era precioso verla correr. Como Dante era una perra hippy, creía en el amor libre, en las puertas abiertas y en compartir la comida, o más bien en que los perros machos la compartieran con ella. Se daba su maña en esto. A veces desaparecía por días y luego un vecino nos llamaba y nos decía que “Dante está aquí o allá”. Otra vez, paseando, otro dueño de perro nos decía al pasar: “mira, si es la novia de mi perro”.
En sus largos paseos por el río, tomaba piedras del fondo y las ponía fuera todas juntas.




Así era Dante, y de muchas más formas. Pero ahora estas formas tienen como soporte material único la red neuronal en que residen sus recuerdos, y estas líneas acaso.