Una española en California

domingo, septiembre 17, 2006

El Lapesa, o Autocrítica

No hay carrera que se precie, ni incluso asignatura que se precie de estar consolidada, que no tenga un manual asignado, que es el clásico, y que todo el mundo conoce por el nombre del (primer) autor, precedido del artículo determinado. En Hispánicas es el caso del Lapesa, manual clásico de la historia de la lengua española, que suele ser la asignatura hueso. El libro, paradójicamente, quiero pensar que, en estos tiempos que corren, hace una buena lectura de cama (como lea esto algún filólogo me mata, se va "postal", coge el fusil, y se acabó blog).

Cito:

Entre las lenguas indoeuropeas, la latina se distingue por su claridad y su precisión. Carece de la musicalidad y finura de matices propia del griego (...). Pero en cambio posee justeza; simplifica el instrumental expresivo, y si olvida distinciones sutiles, subraya con firmeza las que mantiene o crea (...). Idioma enérgico de un pueblo práctico y ordenador, el latín adquirió gracia y armonía al contacto de la literatura griega.

Rafael Lapesa, Historia de la Lengua Española, p. 58

No se me malinterprete. Hasta tal punto entiendo que existan generalizaciones sobre pueblos, y consecuentemente sobre sus lenguas, que yo misma he abierto un blog sobre lo mismo, y cada noche leo un capitulillo de una obra de Isabel Allende sobre su Chile natal y los habitantes del mismo, consistente precisamente en generalizaciones y tópicos de este tipo. Ahora bien, doña Allende es consciente de lo que hace, y muy acertadamente titula su obra: "Mi país inventado". Seguramente, no se le ocurriría a nadie colocarlo entre los manuales de antropología o sociología sobre Chile, aunque tal vez sí como libro entretenido relacionado con el tema, o como base incluso para investigaciones sociológicas relacionadas.

Ciertamente, el libro de Lapesa contiene información objetiva también, y ha sido un clásico, y fue un buen libro en su momento. Pero estos comentarios, gratuitos, innecesarios, subjetivos, me parecen que estan fuera de lugar en un libro que se pretenda científico. Tengámoslo pues como una fuente más de datos, pero no lo dejemos como manual central de una asignatura de universidad.

Inevitablemente, lecturas como la citada me recuerdan el libro "El Florido Pensil", que recoge citas de libros en los que se habla de los caracteres de los habitantes de las distintas regiones españolas, caracteres que habían de memorizarse como quien memoriza las capitales de esas mismas regiones...



Otra perla:
Conseguida la unificación jurídica, faltaba la espiritual. (...). Se sentía el ansia de una comunión universal, y el Cristianismo vino a traerla como buena nueva; (...). Hispania ofrendó a la fe salvadora la sangre de sus numerosos mártires
Opus Citus, p. 65.

Ahí es nada, Hispania, esa región romana, resuta que ofrendó sangre, de unos mártires (de una causa muy concreta), ¡qué metáfora!, mejor ¡qué prosopopeya!
Pero yo me tengo que preguntar:
¿cómo se averiguó que había un ansia por todo el imperio de comunión universal? ¿Pasarían encuestas del INEM? ¿o las telefónicas de las radios? ¿De qué medios arqueológicos o de otra índole se han servido para determinar que hubo una tal ansia? ¿Se infiere de la sola extensión del cristianismo? ¿No habría otras causas... "más materiales" para la misma? Tampoco deja de llamarme la atención la retórica utilizada: "comunión universal" y "buena nueva".
Y ¿cómo se sabe que LA fe salvadora es precisamente el cristianismo?
Y por último, ¿qué tienen que ver estas sólo medio-veladas presunciones con la historia del español? Puedo entender que el cristianismo trajo cierto vocabulario al español y sobre todo al latín, además de deformar/adaptar sentidos de vocablos latinos y griegos, pero ¿para explicar eso hay que soltar este rollo? ¿No sería mejor centrarse en las pruebas que muestran la extensión -con sus correspondientes fechas- de la religión cristiana, sin entrar en si es la verdadera o no o si regaló más mártires -o su sangre- en esta o aquella región?

En fin, camino es obvio que queda mucho por andar, si bien es cierto que cada vez menos.

Cambiando de tema, en uno de vuestros comentarios, el de Santi, sale el tema de la privacidad del blog. Tengo que hablar de eso. También hace tiempo que mencioné lo de la crisis cultural en el hipermercado, otra entrada más venidera. Y voy a escribir por última vez sobre el servicio postal y mis paquetes, para tratar de exorcizar el tema. Finalmente, debo escribir sobre mi nuevo apartamento y la vivienda, porque lo vais a flipar colegas... Mucha tarea veo yo aquí, veremos...

NOTA BENE: Nunca tuve que estudiar el Lapesa consabido. Pero a cambio, tampoco sé historia de la lengua. No por no haber estudiado este manual, sino por tener un profesor que además de dar clase sólo la mitad del curso, tampoco dio estrictamente la materia. Digo esto para que se vea que no estoy resentida ni nada por el estilo porque se me atragantase el manual. De hecho, es una lectura medianamente entretenida (aunque para los un poco freakies o los extremadamente curiosos) que se deja leer hasta en la camita antes de ir a dormir. Os la recomiendo ;)