La traducción resulta imposible cuando se trata de los términos más sabrosos -terruñeros en terminología unamuniana-, aquellos que nos dicen más con su sola mención, que nos dan la clave, que evocan todo un universo. Las típicas palabras con que se califican cosas en la adolescencia son un buen ejemplo. Parece que entonces se desarrollan más las habilidades sociales y se presta más atención al significado social de las palabras (esto último ya me parece más cuestionable). El caso es que es entonces cuando más usamos determinadas etiquetas y cuando éstas más nos determinan: pijo, alternativo, los distintos nombres para "tribus urbanas", de cagarse, fliparlo... o "el profesor enrollado". Porque, a ver, cómo le explico yo a los estadounidenses qué es un "profesor enrollado", y que es el término enrollado, simplemente.
Voy a intentar subir un sketch de la hora chanante que me parece intraducible... el redondeo al alza del profe enrollado por ejemplo... me parece un concepto (y no hablo ya de términos) tan español...
Hoy etiquetaba yo mi corpus y me encontraba con una conversación telefónica en la que se discutía como entrar de gratis a una piscina haciendo trampas con el carné de identidad o con su fotocopia... flipante. Esto es que no pasa aquí... o casi no, porque la gente imprime sus propios "stickers", la pegatina que cada cuatrimestre renuevan para que la pongas en el carné universitario. Porque si la terminología que usan los estudiantes es cultural, casi tanto lo es la burocrática.
Y a ver si voy recogiendo temas y escribo de los Mall... Y tal vez, siguiendo con esto de las diferencias culturales, de las bodas -bodorrios, bodorriazos- americanas, aunque en esto estamos siendo cultu-fagocitados por las pelis de Joyibud.
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