Dentro y fuera: cuestiones de interiorismo emocional
Aquí es donde duermo. Esta foto faltaba en mi primera intervención en el blog. La enredadera la puso Brian sabiendo que me gusta tener cierta privacidad en mi propio cuarto. No logro entender por qué sorprende que uno no quiera que le vean desde fuera. No me parece tan descabellado.Ver la enredadera desde dentro es relajante, y a veces se puede ver también un lagarto que habita en ella. Debe estar el tío la mar de a gusto sin depredadores y sin competidores.
Óbservese la ventana desde el exterior.

Efectivamente, está en la primera planta, en el jardín trasero, donde los habitantes tienen plantas varias, están las cuerdas de tender (algo poco habitual en los Estados Unidos de esta época) y las sillas para tomar el sol, y el lugar donde amontonar la yerba seca y, por supuesto, el lugar donde está permitido fumar. Es decir, que en el jardín trasero se realizan múltiples actividades, en cuyo desempeño alguien podría mirar o accidentalmente ver dentro del cuarto, al menos cuando se necesita la luz para ver dentro.
En este barrio de los Estados Unidos, la gente deja las puertas abiertas mientras está en casa, la cochera a veces incluso, las ventanas, la puerta corredera de cristal del jardín de atrás. No hay rejas. La gente hace vida en el jardín muchas veces sin valla alguna y cuando la hay, la mayoría de las veces a media altura, como un metro, una valla para liliputienses. Y uno de estos liliputienses puede sentarse en el jardín delantero y ver a la gente pasar, no por el gusto de verla pasar, ni por cotillear como en Andalucía (bueno, por cotillear tal vez, no digo que no), sino mientras cena, tiene una reunión familiar, ha invitado a unos amigos... Las cortinas sólo están echadas cuando molesta el sol, pero apenas por privacidad.
En cambio, necesitan su espacio personal, necesitan que sus amigos, o sus esposos y esposas, o sus padres, o sus hijos, no invadan su intimidad.
Por eso no entiendo muy bien su sentido de la privacidad o de la intimidad, ese interiorismo que amueblan sólo para sí mismos.
Cuando cuento que en España hay vallas, y que son más altas, y que la gente busca tener intimidad en sus casas, me preguntan que cómo se conoce entonces a los vecinos. Como si los bares, las tiendas y supermercados, la salida de las escuelas, regar las macetas de fuera, pasear a tu perro fuesen situaciones de aislamiento comunicativo. Tal vez lo sean. Deben serlo aquí.
Lo opuesto, sin embargo, se da a la hora de mostrar los afectos. Ahí, un español, o al menos esta española en lo que sea típica representante, muestran sus afectos en la calle, en un parque, en los bares, en los pasillos de la universidad incluso, hasta extremos a veces en que poco se deja para la intimidad del hogar. En cambio aquí, cogerse de la mano es casi un acto para esa intimidad individual, y no se ven en los parques, ¡ni en los bares!, a parejas darse el lote, o meramente un beso o un abrazo. No he visto todavía a ninguna ir de la mano.
Versiones de la privacidad, de la intimidad, de la amplitud del círculo en que dejamos entrar a los otros, sea para compartirnos a nosotros mismos, o para establecer con ellos esa intimidad. Versiones de qué de nosotros dejamos sólo para nosotros, obligando a los otros a adivinar hasta qué punto sea ese yo el que realmente somos. Versiones de las dimensiones del autoaislamiento y del autocontrol y de las dimensiones de la disolución en los otros o las normas sociales.
En este barrio de los Estados Unidos, la gente deja las puertas abiertas mientras está en casa, la cochera a veces incluso, las ventanas, la puerta corredera de cristal del jardín de atrás. No hay rejas. La gente hace vida en el jardín muchas veces sin valla alguna y cuando la hay, la mayoría de las veces a media altura, como un metro, una valla para liliputienses. Y uno de estos liliputienses puede sentarse en el jardín delantero y ver a la gente pasar, no por el gusto de verla pasar, ni por cotillear como en Andalucía (bueno, por cotillear tal vez, no digo que no), sino mientras cena, tiene una reunión familiar, ha invitado a unos amigos... Las cortinas sólo están echadas cuando molesta el sol, pero apenas por privacidad.
En cambio, necesitan su espacio personal, necesitan que sus amigos, o sus esposos y esposas, o sus padres, o sus hijos, no invadan su intimidad.
Por eso no entiendo muy bien su sentido de la privacidad o de la intimidad, ese interiorismo que amueblan sólo para sí mismos.
Cuando cuento que en España hay vallas, y que son más altas, y que la gente busca tener intimidad en sus casas, me preguntan que cómo se conoce entonces a los vecinos. Como si los bares, las tiendas y supermercados, la salida de las escuelas, regar las macetas de fuera, pasear a tu perro fuesen situaciones de aislamiento comunicativo. Tal vez lo sean. Deben serlo aquí.
Lo opuesto, sin embargo, se da a la hora de mostrar los afectos. Ahí, un español, o al menos esta española en lo que sea típica representante, muestran sus afectos en la calle, en un parque, en los bares, en los pasillos de la universidad incluso, hasta extremos a veces en que poco se deja para la intimidad del hogar. En cambio aquí, cogerse de la mano es casi un acto para esa intimidad individual, y no se ven en los parques, ¡ni en los bares!, a parejas darse el lote, o meramente un beso o un abrazo. No he visto todavía a ninguna ir de la mano.
Versiones de la privacidad, de la intimidad, de la amplitud del círculo en que dejamos entrar a los otros, sea para compartirnos a nosotros mismos, o para establecer con ellos esa intimidad. Versiones de qué de nosotros dejamos sólo para nosotros, obligando a los otros a adivinar hasta qué punto sea ese yo el que realmente somos. Versiones de las dimensiones del autoaislamiento y del autocontrol y de las dimensiones de la disolución en los otros o las normas sociales.


3 Comments:
Hola Irenica, maja, me alegro de que estes bien ahi en California. Y tambien de que te hayas creado este blog, para saber algo de tí. Yo tambien tengo un blog que me sirve para desconectar basicamente... Oye, en que pueblo/city estas? Yo estuve tambien en California, super chulo, Eso si, nos hicimos una burrada de kilometros en coche... como molaba, igual unos 6000 en 15 dias, porque fuimos para todos los lados, Los Angeles, Santa Monica, San Diego, San Francisco, el Lago Tahoe, el Cañon del Colorado.... en fin, que aprovechamos el tiempo... asi que al leerte recuerdo esos momenticos que pasamos por ahí. Es verdad, el viaje fue una pesadez, pero merece la pena. Y tu casica super guay... la enredadera en la ventana no tiene comparación con nada.... con lo que estoy flipando es con eso de las relaciones sociales de la peña. Sabia que solian dejar la casa abierta, pero no que luego eran tan reservados en publico... Bueno, pues a ver que nos cuentas, a ver que tal te va... Besicos
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Anónimo, at 7/27/2006 2:00 p. m.
Hola Aurelia!
qué bien saber también de ti. Sí, el blog sirve para desconectar, para ver las cosas en perspectiva, para revisar opiniones propia que se tuvieron antaño...
No recordaba que habías estado por aquí por las Californias... qué chica tan viajera y tan viajada que eres ;)
Oye, pásame la dirección de tu blog para que te lea.
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Irene, at 7/27/2006 5:20 p. m.
Irenica, sólo tienes que pinchar en mi nombre y te lleva directamente... vamos que la tenias ahi ya... pero por si acaso no sale o no se puede ver o lo que sea que le pase a las nuevas tecnologias pues te la pego: www.lacoctelera.com/niceday
bueno, que vaya envidia que me das con el carril bici, chica. asi da gusto. yo voy a la uni tambien en bici pero tengo suerte porque me pilla cerca, pero aqui lo del carril bici casi casi no se ha inventado. lo peor es que van poniendo cachitos de carril bici en alguna calle nueva, pero eso no sirve para nada, si no enlazan aunque sea las principales avenidas. Y con lo que corren los coches como para ir en bici... es verdad, en California no se corre, y mira que tienen carreteras rectisimas, pero es que te echan las luces incluso como vayas mas rapido de lo permitido...
besicos
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Anónimo, at 7/28/2006 3:25 a. m.
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